Dubái ya no es sólo una escala técnica hacia Asia o Europa; se ha convertido en el destino final para el viajero latinoamericano. Así lo confirma el equipo de ventas de Atlantis Dubái, que recorre las Américas para estrechar vínculos personales en un mercado donde el lujo exige, ante todo, confianza y personalización. «El mercado de lujo requiere que nos vean la cara, que se sientan cómodos hablando con nosotros porque la sensación es diferente a un correo electrónico«, explica Pedro Goncalvez, representante de ventas de la compañía a su paso por Buenos Aires.

El complejo, compuesto por el icónico Atlantis, The Palm y el flamante Atlantis The Royal, maneja dimensiones que desafían la imaginación. Con un total de 2.300 habitaciones (1.500 en The Palm y 760 en The Royal), el servicio se mantiene impecable gracias a una proporción de más de tres empleados por habitación. «Tenemos más de 6.000 personas trabajando. Esa es nuestra diferencia: somos consistentes y podemos proporcionar el mismo nivel de lujo a todos los huéspedes por igual«, revela el ejecutivo.
Sostenibilidad: el pilar Atlas
A pesar de su magnitud, Atlantis Dubai ha integrado la responsabilidad ambiental en el núcleo de su operación bajo el proyecto Atlas. Con hectáreas de paneles solares y una gestión rigurosa del desperdicio, el complejo cuenta con el certificado EarthCheck Gold, que avala sus parámetros sostenibles por más de cinco años consecutivos. Este compromiso se extiende al bienestar animal: «Nuestra piscina de delfines tiene reglas estrictas; no se los puede tocar como uno quiera, mantenemos protocolos para hacerlo de la forma correcta«, señala.
La oferta culinaria es, quizás, uno de los imanes más potentes del resort. Tiene más de 30 restaurantes, incluyendo opciones con estrellas Michelin como Dinner by Heston Blumenthal, Hakkasan y Ossiano, el complejo es un epicentro gastronómico global. Entre las propuestas más exclusivas destaca FZN, del chef Björn Franzen, un espacio íntimo de sólo 26 cubiertos que ofrece una experiencia de tres estrellas Michelin.

Para quienes buscan relajación, Cloud 22 -en colaboración con Dolce & Gabbana- ofrece una piscina infinita con vistas espectaculares sobre la Palmera, mientras que los amantes de la acción disponen de Aquaventure, el parque acuático más grande del mundo con 105 toboganes.
Un hotel para cada perfil
Aunque ambos resorts comparten la excelencia, sus perfiles son distintos:
Atlantis, The Palm: el favorito de las familias argentinas, con áreas especializadas como Little Explorers donde profesionales certificados cuidan de los niños mientras los padres disfrutan de una cena.
Atlantis The Royal: definido como un escalón más arriba en el «ultra-lujo», ofrece mayor privacidad con solo 10 a 12 habitaciones por pasillo para minimizar el ruido. Sus suites, como la Royal Mansion o las Skypool Villas con piscina privada, cuentan con amenidades de firmas como Hermès y Chopard.
El mito de las restricciones
Una de las consultas frecuentes del viajero es la vestimenta y las costumbres en Dubái. Desde Atlantis aclaran que la ciudad está sumamente occidentalizada: «Podemos estar vestidos como estamos ahora por la ciudad normalmente. Las restricciones son principalmente para las mezquitas. Es una ciudad sin prejuicios, donde lo único es que quizás las parejas no se demuestran tanto afecto en público», aclara Pedro.

Con la ventaja de vuelos directos desde la región a través de aerolíneas como Emirates, Dubái y el universo Atlantis se consolidan como una opción de lujo accesible a solo un vuelo de distancia. «Nuestros hoteles necesitan al menos cuatro o cinco noches para verlo todo. Ya somos el destino final«, concluye.






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