Forma parte del reformado Recoleta Grand. Un hotel que tomó la casa adyacente, justamente la Mansión Mihura de los Molina Anchorena, para construir encima una segunda torre de habitaciones respetando la edificación original que es patrimonio porteño.

Hoy funcionan allí una barra muy elegante, The Parlor, concebida como un espacio íntimo de socialización con su “playlist líquido” como estrella; el adyacente The Serpent Club, que introduce una dimensión nocturna vinculada a la coctelería y la música: un bar oscuro y sensual con sillones rosa. Pronto incluirá un restaurante de fine dining, The Dining Room, que es muy elegante, para apenas 30 cubiertos. Promete tentaciones y sutileza para el paladar, enfocado en una experiencia gastronómica de autor.

A ellos se suma The Atrium (foto arriba), el espacio verde y soleado ubicado entre el edificio histórico y los nuevos, donde se sirven el desayuno y los almuerzos. Allí también se podrá cenar.
Cada uno de estos ambientes fue intervenido respetando los elementos originales, incorporando diseño contemporáneo y tecnología, en un trabajo que recupera el valor material y simbólico de la propiedad sin perder funcionalidad, para proyectarla hacia nuevas experiencias.

Una prueba de lo que habrá

La propuesta gastronómica, liderada por el chef ejecutivo Maximiliano Matsumoto, ocupa un rol central en esta nueva etapa. “La cocina en Mansión Mihura está pensada como una experiencia sensorial completa. Trabajamos sobre sabores reconocibles, pero con una mirada contemporánea, donde técnica, producto y contexto dialogan con la historia del lugar”, explica Matsumoto, que estuvo acompañado en un almuerzo de presentación para la prensa por Guillermina Usqueda, jefa de barra de la casa histórica.

Un grupo de periodistas pudimos disfrutar del menú preparado especialmente por Matsumoto, a modo de ejemplo de lo que se sirve en estos espacios: comenzó con una deliciosa Ostra a la parrilla con manteca de chimi (foto arriba), un abundante plato de Langostinos gratinados en horno al carbón y después para compartir: Chuletón de cerdo a la charcutiére (foto arriba), Arroz jazmín con base de ajíes tatemado, crema de langostinos, pulpo y vieiras asadas (delicioso y picante) y Fideos de zucchini con muse de girasol, curry, menta y eneldo. El postre fue Espiral de merengue, yogurt, peras y sorbet de sandía, creación de la pastelera Carolina Gottwald. Además estuvo maridado por la selección de la sommelier francesa Jeanne de la bodega Luigi Bosca. Realmente todo fue muy bueno, así como el personal que es extremadamente amable. Y nada con harinas, ya que quien firma esta nota no las consume. Casi nunca me pasa en un menú degustación.

Vale la pena recordar que Recoleta Grand integra Tribute Portfolio Hotel y se alinea con una transformación en la industria que propone una evolución del lujo hacia experiencias más auténticas, personalizadas y conectadas con el entorno.

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