El viaje ya anticipaba que no sería un fin de semana cualquiera. El sábado por la mañana abordamos un vuelo charter rumbo a Punta del Este y, apenas subir al avión, quedó claro que el plan prometía: periodistas, invitados y varias caras conocidas del espectáculo viajábamos juntos para participar de los festejos por los 10 años de The Grand Hotel Punta del Este y el cierre de temporada con Remolino, un encuentro cultural y musical organizado por el hotel.


El vuelo fue corto y distendido, con ese clima de excursión compartida que se genera cuando todos saben que algo especial está por empezar. Al aterrizar, la logística ya estaba perfectamente aceitada: combis privadas nos esperaban en el aeropuerto para llevarnos directamente hasta el hotel, ubicado en la Parada 10 de Playa Brava, uno de los puntos más lindos y tranquilos del balneario.
Apenas llegamos, el Grand Hotel Punta del Este se impone con una arquitectura elegante y contemporánea que combina líneas modernas con una presencia armónica frente al mar. El lobby, amplio y luminoso, marca desde el inicio el tono del hotel: grandes ventanales que dejan entrar la luz del Atlántico, sillones cómodos para detenerse a conversar, detalles de diseño sobrios y una atmósfera relajada pero sofisticada, muy en sintonía con el espíritu de Punta del Este fuera de temporada.


El check-in fue ágil y enseguida nos acompañaron a nuestras habitaciones. La primera impresión fue inmediata: los cuartos son amplios, modernos y extremadamente confortables. La cama —enorme y mullida— es de esas que hacen difícil levantarse al día siguiente. Desde el balcón, la vista abierta al mar completa la escena con un paisaje relajante y silencioso.
Todo está pensado para la comodidad del huésped: mucho espacio de guardado, detalles cuidados y una caja de bombones de la chocolatería propia como bienvenida. El baño merece un capítulo aparte: amplio, luminoso y muy completo, con ducha y bañera, algo cada vez menos frecuente incluso en hoteles de lujo. Las amenities de Acqua di Parma terminan de darle ese toque sofisticado.

La agenda continuó con un almuerzo distendido en el hotel, con ensaladas frescas, carnes y opciones livianas ideales para un día de verano. El final dulce llegó con unos irresistibles lingotes de postre de frutilla, chocolate, lemon pie y otras combinaciones que desaparecieron rápidamente de la mesa.
Después llegó el momento perfecto para explorar el entorno. Bajamos hasta Montauk, el parador de playa de la prpoiedad, un espacio cálido y relajado con una vista espectacular de Playa Brava. A pesar de que el día estaba algo ventoso, el paisaje tenía ese encanto especial de la costa fuera de temporada: una playa casi vacía, con reposeras y toallas listas para los huéspedes, donde el único sonido constante era el del mar.


De regreso al hotel aproveché para recorrer algunas de sus instalaciones. El spa, la pileta climatizada interior y los espacios pensados para familias muestran claramente que está preparado tanto para escapadas de relax como para vacaciones completas. Incluso el kids club dividido por edades revela el cuidado por cada tipo de huésped. Un apartado especial para Huma, la terraza con vista 360 ° con el lujo de los mejores.


Al caer la tarde comenzó a sentirse el clima de celebración. La recepción se realizó en los jardines que conectan la torre principal con el edificio Fortunee, un moderno espacio diseñado especialmente para albergar convenciones y grandes eventos.


Allí comenzó Remolino, el encuentro cultural con el que el hotel decidió celebrar su primera década. El nombre no podría ser más acertado: conversaciones, música y encuentros que giraban en una atmósfera vibrante.
Entre los invitados estaban Benjamín Vicuña, Julio Bocca, la princesa Laetitia d’Arenberg, Graciela Alfano, Nicolás Repetto y Florencia Raggi, Calu Rivero, Humberto Tortonese, Javier Iturrioz, Natalia Graciano, Julieta Kemple y el chef Donato de Santis, entre muchas otras figuras que llegaron especialmente para la celebración.
La propuesta gastronómica acompañó la noche con estaciones de sushi, tacos, fiambres y distintas especialidades, además de una gran mesa de postres con chocolates elaborados por los pasteleros del establecimiento.

Luego llegó la música. El pianista y productor Luciano Supervielle ofreció una presentación íntima que capturó la atención de todos. La cantautora Florencia Núñez sumó su voz cálida y poética, y el gran cierre fue para No Te Va Gustar, la emblemática banda uruguaya que encendió la noche.
Uno de los momentos más comentados ocurrió durante el recital: cuando sonó uno de los clásicos del grupo, Benjamín Vicuña se mezcló entre el público, cantó, saltó y terminó participando de un pogo improvisado, como un fan más. La escena —espontánea y divertida— terminó en un beso con su pareja en medio de la pista y el aplauso de los invitados.
La fiesta se extendió hasta pasada la una de la mañana, con el mar de fondo y el clima relajado que sólo Punta del Este sabe ofrecer cuando el verano empieza a despedirse.


A la mañana siguiente llegó otro de los grandes momentos del fin de semana: el desayuno de The Grand, que merece mención especial. El buffet es tan abundante como tentador: fiambres, patisserie, tortas, muffins, chipás recién hechos, panificación dulce casera, cereales, huevos, panceta, además de una gran variedad de cafés y tés. Todo dispuesto con esa elegancia simple que invita a sentarse sin apuro y disfrutar del inicio del día con vistas al mar. Fin de fiesta para 24 horas a todo festejo. Vuelta al aeropuerto con ganas de más, y otro vuelo impecable de regreso a Buenos Aires
Diez años después de su apertura, The Grand Hotel Punta del Este demuestra que sigue siendo uno de los protagonistas de la hotelería del balneario. Y si algo dejó claro este fin de semana es que Remolino tiene todo para convertirse en una nueva tradición para despedir cada temporada en el Este.

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