Me iba a quedar pocos días en Madrid, una ciudad cada vez más llena de turistas. Así que busqué un hotel en Booking.com que quedara más o menos cercano a la estación de Atocha o Chamartín, ya que llegaría en tren. Los hoteles en Madrid son bastante caros pero no tenía ganas de ahorrar alojándome en la periferia por apenas tres jornadas. Quería algo cerca de la zona de los museos y terminé eligiendo el Radisson Blue Madrid Prado, de 4 estrellas y ubicado cerca de la zona de los museos, en el Barrio de las Letras.

Está en calle Moratín, pegada a la De la Alameda, que tiene una pequeña plazoleta con varios bares y restaurantes que le aportan vida a la zona, para ir y volver caminando de Atocha y aprovechar la ubicación céntrica para visitar los museos (fui al de Antropología que no cocía) y llenarme de la gastronomía ibérica. Realmente fue un acierto.

El hotel

Esta sección es para evaluar el alojamiento. A eso voy; sorprendió desde la entrada: un edificio señorial en esquina cuya entrada se destaca por un arco de flores hermoso (sí, el de la foto). Adentro todo fue confort y buena onda. Reciben con bebidas frescas que uno se puede servir a gusto durante toda la estadía, los empleados son extremadamente amables y siempre llaman al huésped por su nombre (un plus, sobre todo para los que viajamos solos), la zona de la recepción tenía una exhibición de cuadros inspirados en las obras exhibidas en el Museo del Prado y todo el proceso fue rápido y amable.

No acompañan al huésped a la habitación. Eso me gusta. Me siento más libre. Paredes negras por los pasillos, muy moderno. El cuarto fue amplio y alargado, con ventanal y balcón hacia la calle en esquina. Cama enorme y cómoda, butacón con mesita más un escritorio grande, placard y un nutrido servicio de cafetera y pava eléctrica que venía con cápsulas, té y hasta sachets individuales de cacao para prepara chocolatada.

Otro plus es el enorme espejo con marco plateado que hace que quien se mire en él se sienta como si estuviera dentro de un cuarto.

El baño, compartimentado, es muy moderno y estético. Como se estila ahora, champú, crema enjuague y jabón de la ducha estaban a disposición en sus respectivos dispensers. Duchador y un platazo de ducha fueron un privilegio a la hora de bañarme, con los controles astutamente colocados justo enfrente. Al principio cuesta entender el comando, pero son sólo unos minutos. La cama resultó muy cómoda y la decoración en general del cuarto muy agradable.

En la planta baja, entrando hacia la derecha, tiene un bar y restaurante donde sirven el desayuno. No lo contraté porque no como a la mañana y con la pava eléctrica y mis saquitos de mate cocido que llevo cuando viajo al exterior estuve más que contenta. Ya sabemos que sólo en nuestro país (o casi) el desayuno está incluido en el costo de la habitación.

Ah, tiene una pileta en el subsuelo, también lo había elegido por eso, pero se paga aparte y bastante: unos 25 euros. Eso no me había quedado claro cuando lo contraté por Booking, tuve que preguntarlo cuando hice mi registro y finalmente no lo compré porque no iba a tener tiempo.

En resumen, me gustó, me sentí bien atendida. Cada vez que volvía desde la recepción me saludaban y me preguntaban como me había ido. Incluso la empleada que me recibió fue quien se ofreció a sacarme la foto en la puerta que ilustra esta nota. Sin dudas la interacción amable es un plus que favorecen las ganas de volver a alojarse allí. Precio: unos $ 260.000 la habitación por noche en la web de Radisson.

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