Ubicado frente a la bahía de Biscayne, el Miami Marriott Biscayne Bay es uno de los alojamientos más estratégicos y completos de la ciudad. Con 605 habitaciones, y más de 2.800 m2 destinados a eventos y convenciones, la propiedad conecta directamente con lo mejor de la metrópoli: basta con cruzar el puente de Venetian para llegar a la playa, al tiempo que linda con Wynwood y el corazón financiero del downtown.
Al frente de esta imponente estructura se encuentra Julissa Kepner, General Manager del hotel (foto abajo), quien destaca que la clave para coordinar una operación de esta magnitud radica en la excelencia de su equipo de trabajo. «Es complejo, pero necesitas un equipo muy capacitado que entienda lo que el cliente quiere y que sea experto en el negocio de la hotelería y la hospitalidad; hacer que la gente se sienta cómoda como en su casa», señala destacando la trayectoria de gerentes y ejecutivos que llevan décadas en la compañía.

Un hotel para todos los segmentos
Gracias a su ubicación y versatilidad, la propiedad recibe un abanico diverso de huéspedes:
Turismo de ocio y familias: atraídos por la cercanía a las playas y la vida cultural.
Viajeros corporativos y de convenciones: que aprovechan la infraestructura y cercanía con centros financieros.
Tripulaciones aéreas y de cruceros: debido a la conectividad directa con las rutas internacionales y el puerto.
Entre sus principales atractivos se destacan sus tres restaurantes y una experiencia única en el quinto piso: un mirador con balcón de vidrio que regala postales inigualables de la bahía y, al atardecer, una vista panorámica al deslumbrante skyline iluminado del centro de Miami. En este mismo espacio se ubica Edgewater, un pool bar de ambiente relajado donde conviven cócteles de autor -con protagonismo de destilados como el tequila- y cervezas artesanales locales de la zona.
En el plano gastronómico se destaca Gold Coast Kitchen & Cocktails, cuya propuesta rinde homenaje al histórico litoral floridano conocido entre las décadas del ’60 y ’70 como la «Costa de Oro». La carta fusiona pescados y mariscos con matices e infusiones latinas de marcado sabor local.

Compromiso social y retorno a la comunidad
Para Kepner, de origen inmigrante (llegó a los Estados Unidos a los 16 años), la gestión hotelera va unida a una responsabilidad social profunda. «Sentí una obligación moral de dar a la comunidad que me recibió con los brazos abiertos», afirma. En una ciudad donde siete de cada diez habitantes son hispanos, el hotel impulsa diversas iniciativas solidarias junto a sus asociados:
Donación de calzado y útiles: recaudación de insumos escolares y calzado destinado a países con necesidades y escuelas locales.
Acciones navideñas: recolección de regalos para niños en situaciones de vulnerabilidad.
Alianza con Lotus House: colaboración activa con esta organización que brinda alojamiento temporal a madres con niños, ofreciéndoles capacitaciones en hotelería y gastronomía, e inserción laboral efectiva al egresar del programa.
Además, Kepner lidera el comité ejecutivo del Bureau de Convenciones y Visitantes de la ciudad (integrado por 54 miembros), promoviendo una visión de reciprocidad entre el sector turístico y el desarrollo urbano.
Sustentabilidad: cuidar el mayor activo de Miami
El compromiso medioambiental ocupa un lugar prioritario en la estrategia operativa. A través de programas de certificación como Green Key, el hotel implementa transformaciones operativas concretas:
Gestión del agua y lavandería: sistemas de filtrado para el reciclaje de aguas en el lavado intensivo de blancos.

Reducción de plásticos de un solo uso: eliminación paulatina de sorbetes y botellas plásticas, reemplazándolos por alternativas de aluminio o papel.
Gastronomía responsable: foco en insumos sostenibles y reducción del desperdicio de alimentos durante convenciones y eventos masivos.
El objetivo regional apunta a certificar a más del 60 % de los hoteles para los próximos años. Para Kepner, el fundamento trasciende el ahorro operativo: «Nuestro parque más grande es el océano; es nuestro motor económico porque la gente viene a ver nuestras aguas turquesas. Hacer lo correcto es cuidar nuestro futuro y el de nuestros hijos».





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