Estuve alojada en el Unit Santa Rosa de camino a la provincia de Neuquén y, si bien llegamos para hacer noche y seguir, y resultó en un gran descubrimiento. Con un moderno edificio ubicado en el extremo de una diagonal y varios pisos de altura, fue inaugurado en 2018 como parte de la cadena Alvarez Argüelles. Está en pleno centro y muy próximo al aeropuerto.
De entrada, sorprende la estética del lobby en el ingreso, espacioso, iluminado con luz natural y con dos detalles de decoración que le dan carácter: una pared con estantería de madera a la derecha, y lámparas de silueta curva suspendidas en el techo a varios pisos de altura que marcan la modernidad del lugar. El personal de recepción es muy amable y está listo para asistir al viajero. Nos atendió Alexis de manera impecable.

Tuvimos habitaciones con buena vista a la ciudad, lo que nos permitió ver Santa Rosa desde las alturas. Adentro, amplitud, escritorio, espacio cómodo para dejar la valija abierta (ya que era por una noche) y un baño compartimentado. El mueble que hace las veces de placard también es moderno y muy práctico. La temperatura estaba ideal y me gustó que la ambientación fuera en madera clara. Me encontré con bombones de bienvenida y un cálido saludo escrito a mano por el gerente general, Mariano Festorazzi. ¡Un gran detalle!
La cena: una grata sorpresa
Decidimos comer en el hotel porque partiríamos temprano a la mañana siguiente. Nos atendió Leandro con una presteza inigualable. Pedimos un plato principal cada uno, preparado en el momento, y él nos ofreció una empanada a cada uno para mitigar la espera, y vino local de una bodega cercana para probar. Cuando lo sirvió explicó desde la procedencia hasta las características de la etiqueta. Sin dudas está muy bien preparado.


La cena en el restaurante Cuatro Esquinas de la planta baja, donde también se ofrece el desayuno, fue de gran calidad: sabrosa, perfecta para alimentar a viajeros hambrientos pero lo suficientemente liviana como para dormir bien y arrancar temprano al día siguiente. Los postres también sorprendieron, sobre todo una crema catalada que, por pedido de uno de los viajeros, llegó con dulce de leche debajo de la costra de azúcar caramelizada. ¡Aplausos para el pastelero!

El descanso fue muy bueno, sobre todo porque ofrecen un menú de almohadas poco común en un tres estrellas: mullidas, livianas y para nada duras. Bajamos temprano a desayunar y nos encontramos con abundante servicio que incluyó frutas frescasm jamón y queso, copos y facturas, para conformar a todos los estilos. Incluso huevos revueltos.
Así partimos rumbo al sur descansados, bien alimentados y con dos termos de agua caliente que las mozas de la mañana se encargaron de llenar. Realmente una parada que valió la pena teniendo en cuenta las distancias hacia la Patagonia. Recomendado.






Deja una respuesta