En el dinámico paisaje de Barra da Tijuca, el hotel Windsor no es una verdadera «ciudad de los eventos». Con una infraestructura que impresiona por su escala y versatilidad, el hotel se ha convertido en punto de encuentro para convenciones médicas internacionales, equipos de fútbol de élite y grandes celebraciones sociales.

La arquitectura del centro de convenciones del Windsor está pensada para la funcionalidad a gran escala. Estratégicamente dividido por continentes, el hotel ofrece espacios que se adaptan a cualquier necesidad:
Piso Asia: el gran protagonista, un salón sin columnas capaz de recibir entre 1.500 y 2.000 personas, ideal para montajes complejos y grandes plenarias.
Piso Océano: otro de los espacios de mayor capacidad para eventos masivos.
Piso Europa: un sector versátil con cuatro salones que pueden funcionar de forma independiente para 300 personas o integrarse según el flujo del evento.
Piso América: ubicado en la planta baja, completa la oferta para reuniones de mediana escala.
Feijoada y samba: el pulso del Carnaval
Más allá de los maletines y las conferencias, el Windsor es el hogar de uno de los eventos más esperados del calendario carioca: la Feijoada Carnavalera. «Es un evento para cerca de 800 personas que se realiza siempre el sábado de carnaval», explica el gerente. Este año, la atracción principal fue el reconocido Diogo Nogueira, quien puso ritmo a un almuerzo con gastronomía típica brasileña y las celebridades locales se mezclan en una fiesta inolvidable.
El Windsor también tiene una faceta responsable. El hotel se encuentra en pleno proceso para obtener su certificación de sustentabilidad, implementando prácticas que involucran tanto al huésped como a la comunidad:

Economía de proximidad: el chef corporativo y los equipos de cocina priorizan a proveedores locales para garantizar productos frescos y reducir la huella de carbono.
Segunda vida para los textiles (foto arriba): las sábanas y toallas que se retiran de circulación no se descartan, sino que se donan a escuelas y entidades que trabajan con niños.
Bazar Solidario: un proyecto singular del hotel es el manejo de objetos olvidados. Tras seis meses de custodia, si no son reclamados, se realiza un bazar para los empleados. El dinero recaudado se destina íntegramente a beneficios para instituciones antiguas y comunidades necesitadas.

Pero no todo es trabajo o grandes multitudes. El hotel sigue siendo un refugio buscado por parejas que eligen sus instalaciones para lunas de miel y bodas. Recientemente, fue sede de «Inesquecível Casamento», un evento que reunió a los mejores proveedores del sector nupcial, confirmando que el Windsor es el escenario perfecto para decir «sí, quiero» con el horizonte de Rio de Janeiro de fondo. Con solo cuatro años de operación en su configuración actual, el Windsor de Barra demuestra que se puede gestionar el volumen de un gigante con la delicadeza de un anfitrión que cuida cada detalle, desde el brinde de bienvenida en la habitación hasta el impacto social en su ciudad.
Ahora la experiencia personal
A mi me tocó alojarme en la torre más antigua, la que esta ubicada justo frente a la playa. Y el primer inconveniente que tuve, en la habitación 1306 (sí, piso 13!) fue que no podía ver la playa porque la única ventana (que no se podía abrir) tenía como manchones de pintura que no permitían ver para afuera. Durante la visita se lo comenté al gerente, quien reveló que esas ventanas tienen doble vidrio que se percudió con la sal. Están en proceso de cambio completo pero aún no llegaron a las 06 y 07. Incluso ofreció cambiarme de cuarto, cosa que no acepté porque me iba al día siguiente.

El resto del cuarto, muy amplio, estaba bien: grandes placares y baño, dos escritorios, uno junto a la venta y el otro a continuación del frigobar. Mullidas batas, pantuflas y hasta tabla de planchar. Suficiente para dormir con sus seis almohadas de diferente densidad y prepararse para la jornada. Pero pese a que dos días seguidos dejé el toallón colgado indicando que no lo cambiaran, lo reemplazaron dos veces. Se lo comenté al gerente, quien me dijo que no retiran esos elementos a menos que el huésped lo indique dejándolo en el suelo. Sin dudas tienen mucho que ajustar.

El sitio del desayuno, como buen hotel brasileño, es enorme y estaba lleno de argentinos. Variedad de cosas dulces y saladas para comer que rotaron cada día, incluso con una estación de platos preparados en el momento como omelette, y un personal atento. Tienen máquinas automáticas para preparar café y tres termos antiqísimos con forma de huevo que ya deberían reemplazar por algo más nuevo.

Por la mañana fui a nadar a la pileta de mi torre, ubicada en la terraza y no fue fácil porque es la única que no está climatizada (por ser la más antigua). En cambio las otras, ubicadas en las terrazas de las otras torres, sí lo están. Por suerte tenía la bata gruesa para abrigarme después de ejercitarme.

Lo que sí tengo que reconocer es que son buenos anfitriones pues todos los días me dejaron un presente en el cuarto. Cuando llegué había un neccesaire con jabones y otros elementos, cuyo sobre contenedor estaba hecho con antiguos acolchados, en el segundo día fruta fileteada, el tercer día macarons deliciosos y en el último una agenda y un calendario de escritorio.

En líneas generales es todo muy amplio, cómodo, con muchos sillones en el lobby para esperar o para favorecer el encuentro entre los miembros de diferentes grupos. El centro de convenciones también lo es y tiene el plus de que un puente sobre la calle conecta los dos edificios más nuevos. Siempre vi mucha gente, lo que quiere decir que las tarifas que parten de 921 reales (unos $ 245.702 o U$S 175) la doble por noche con desayuno son aceptables. Por supuesto que en Booking o Trivago se consiguen mejores precios.





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